divendres, 18 de febrer del 2011

RELATO DE GÉRARD

Siempre me había fascinado la sangre. La vida y el dolor dependen de su movimiento. Le atribuyen la fuerza, se ha convertido en el color de la guerra y el amor colorea con ella sus armas, como si amar no consistiera más que en combatir. Las historias sobre grandes pasiones que han conseguido transmitirse a través de los siglos están salpicadas de sangre, y yo mismo había recibido esos golpes de daga y esos besos de muerte.
El corazón, que es donde dicen que se esconden el valor y los gritos de ternura, no está ahi más que para absorber su violencia y hacerse eco de su música sorda.

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